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Un siglo de comercios que sobreviven

por / miércoles, 05 marzo 2014 / Publicado enNotas de prensa
«Esas tiendas, en fin, esas tiendas tentadoras cuyos escaparates nada tienen que envidiar a los de la Rue de la Paix de París. eso es San Sebastián». Ya lo decía ‘El Liberal’ en 1909. Los comercios donostiarras no tenían ni tienen nada que envidiar a otros, y como muestra de ello, el libro ‘Centenarios’ recoge la historia de 34 establecimientos de Donostia que todavía siguen vivos. Estos son: Ponsol, El Andorrano, Muebles Eceiza, Colmenero, las farmacia Vidaur/Navarro e Imaz Casadevante, Arrieta, Villa María Luisa, Otaegui, Casa Erviti, Joyería Durant, Lotería Arroyo, Álvarez, Casa del Artista, Aristizabal, Restaurante Politena, Bar Bartolo, Aranzabal, Cristina, Arenzana, Casa Iriondo, Mercería Francesa, Ajuria, Cortés Sastres, La Casa de Labores, Bar Eceiza, Tello, Ciprián, Rivero, Benegas, Casa Paulista, La Esperanza y Salaverría.
«Al estudiar la historia de estos comercios, vas repasando la historia de la ciudad. Son comercios de gente luchadora que han logrado sobrevivir adaptándose a los acontecimientos», explica Lola Horcajo, historiadora y una de las autoras de la publicación.
Tras el éxito del primer número de ‘Pastelerías con historia’, Lola, Juan José Fernández Beobide y Carlos Blasco han editado el segundo número de comercios donostiarras, que está disponible desde el día 18 de este mes en las principales librerías de la ciudad. «Estamos muy contentos porque el primer número, el de las pastelerías, se agotó. Ahora creemos que es un buen momento para sacar este libro y prometemos continuar posiblemente con ultramarinos y con los cafés con historia».
Cada comercio es una leyenda repleta de anécdotas y vivencias. Las familias que los regentan en la actualidad recuerdan con cariño las hazañas de sus antepasados. El establecimiento más antiguo de la lista, y que lleva camino de convertirse en bicentenario, es la Casa Ponsol (1838), comercio que fabricaba las boinas que usaba el mismísimo Alfonso XIII y que fue incautado por la Falange durante la guerra civil para confeccionar gorras militares. «Todo el mundo llevaba por aquel entonces la cabeza cubierta con todo tipo de sombreros». En la actualidad mantiene la misma ubicación y prestigio, siendo «el destino preferido para los usuarios de la tradicional txapela».
Clara y Panchito
Clara Carrión, de la boutique Cristina, hace honores a la frase que en su día pronunció un colaborador del modisto Balenciaga: «En la moda nunca se envejece». Y es que esta mujer, a sus 90 años, sigue al mando de la tienda que se fundó allá por 1898 bajo el nombre de M. Merino en la calle Garibay número 3. «Comenzaron vendiendo impermeables y poco a poco fueron evolucionando hasta la boutique actual», relata la historiadora. La incorporación de Carrión al negocio coincidió con los comienzos del prêt-à-porter, época en la que la donostiarra viajaba a las pasarelas de París para fijarse en las ideas de los grandes diseñadores y adaptarlas a sus propias confecciones. «Es fabulosa. A sus 90 años sigue teniendo el mismo buen gusto y buen humor», apunta Horcajo.
Por el que tampoco parece que pasen los años es Panchito, el simpático muñeco que preside la entrada de la Casa Paulista sentado en una silla. Este personaje viajó desde Sao Paolo hasta San Sebastián en 1910 y, al igual que Clara Carrión, sigue al pie del cañón de la tienda de café más antigua de la ciudad. «El Panchito, aunque nadie lo sepa, tuvo un hermano que en algún accidente se rompió y ha quedado solo éste», cuenta Horcajo. Este establecimiento se ha convertido en punto de encuentro de muchos jóvenes que practican el ‘take away’, moderna filosofía que consiste en pasear por la calle con el café en la mano.
Recoger todos los comercios centenarios en una publicación se presenta una tarea complicada. Por eso, Lola Horcajo aclara que en futuros números «incluiremos comercios que han quedado fuera y otros que para la fecha hayan cumplido los cien años». Por eso, la historiadora hace un llamamiento y pide que aquellos que no aparezcan en este número, se pongan en contacto con ellos para próximas ediciones. «Algunos se nos han escapado porque nos hemos enterado tarde».
MAIALEN MUÑOA | SAN SEBASTIÁN.

One Response to “Un siglo de comercios que sobreviven”

  1. Evelyne Tellería dice: Responder

    Mi bisabuelo Dn Cástor Colmenero fundó la Cuchillería Colnenero en el año 1874. Hasta la guerra civil fué uno de los impotadores de cuchillería más grandes de Euskadi. Importaba de Alemania e Inglaterra. Anunciaba su comercio en Vida Vasca en anuncios de página entera. Tuvo varios comerciis, tb de otros rubros, tres de ellos en la misma calle Narrica. En la cuchillería se realizaba la tertulia literaria, ya que era hombre culto, heredero de Pazo en Galicia, de familia de abolengo y títulos. Siendo seis hermanos él, hombre de espíritu emprendor prefirió buscar actividades más modernas e instalarse en Euskadi por ser zona industrial en aquella época. Se casó con Dña. María Cano, santanderina y tuvieron dos hijos, Juana de Dios y Nemesio que siguieron la línea familiar. Mi abuela era Juana, que tuvo 4 hijos, tres varones y una mujer que fué mi madre, ya fallecida. Mamá se casó con Marce Tellería Odriozola, defensa de la Real y más tarde se instalaron en Pamplona en donde pusieron cuchillería en el año 1050. Yo era muy curiosa y preguntaba incansable todos los datos tanto de familia como de la vida en Donosti en tiempos de mis padres, de mis abuelos y de mis bisabuelos, maternos en este caso.

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