Historias de café y del teso

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Al rico combinado de café caliente

Con leche. Espresso.  Latte. Macchiato. Cappuccino. Panchito. Moka. Latte Moka…. Variaciones calientes para un invierno que lo mismo amanece lluvioso que gélido;  templado o ventiscoso. Un invierno, un febrero corto y loco que ya pide paso. Tan loco que a veces soplará del Sur y otras, rolará norteño.

Con leche. Espresso. Latte. Macchiato. Cappuccino. Panchito. Moka Latte Moka.

Variaciones calientes para tomar por la calle. Caminando. Paseando. Sentados en un banco de un parque o un plaza.

Con vainilla. Con chocolate blanco. Con chocolate negro. Con crema de  leche. Con espuma de leche…

Variaciones de la bebida que más amamos entre  nuestro tostadero del Polígono 27 y nuestras boutiques de Plaza Gipuzkoa, Fuenterrabia y  Reina Regente. Variaciones cafeteras para llevarse a la orilla del mar. A la oficina. Al tajo.

Que amamos el café frío, frappé, con hielo picado, es cosa sabida. Que antes de que a la más remota aldea llegasen la Coca  y la Pepsi  Colas y antes también de que la marca soberana de Atlanta lanzara (no hace tanto) una lata burbujeante a la que había  añadido un 0,1% de extracto de café, existía una delicia llamada Suau, lo saben no solo  sus adictos sino cualquier estudioso  del fruto del cafeto. Según la Gran Enciclopèdia Catalana, esta bebida popular todavía hoy en las tierras del Ebro (Cataluña y Aragón), se prepara  con café líquido, azúcar y gaseosa o sifón y a veces, no siempre se le añade un poco de brandy.

Suau significa ‘suave’ pero el nombre de este ‘ponche espumoso al café’ aún a la venta en Mora d´Ebre y otros lugares, viene de la palabra ‘zuavo’, nombre de los soldados franco-argelinos. En la etiqueta de la gaseosa con café, se  ve a uno de ellos, uniformado casi de gala y por eso no es de extrañar que en algún bar de las Tierras Altas oigas más de una  vez pedir, sin más, un soldat.

Pero el ponche de los zuavos es frío y nosotros estamos en invierno. Así que Latte, Macchiato. Moka, Moka Latte. Espresso. Con leche… Para llevar. Para callejear  calentándonos las manos en el vaso. Vainilla. Caramelo. Espuma Crema….

Y si seguimos hablando de café caliente así que el invierno avanza y febrero nos ronda; si empezamos a pensar en echarle unas gotas de cognac, brandy o armañac al café, la primera imagen, el primer nombre, el primer sabor que se nos viene a los sentidos es el del carajillo al que en Venezuela llaman  café envenena’ o y en otros  lugares más románticos, enamora’o. Carajillo al ron en Cuba. Carajillo al mezcal en México. Carajillo al brandy en Colombia. Caffé correto en Italia. Con un chorro de grappa. Gunfire en Reino Unido, donde le añaden ron de Jamaica. Café com cheirinho en Portugal (torrefactado, robusto y aguardentoso)

Carajillo, carajillo. Que acaso venga de  carajo o acaso de coraje. Carajillo quemado (un quemadiño, un brulé, un café diablo) con piel de limón, brandy o ron y azúcar moreno que se prenden.

¿Y qué es el muy afamado y tan bien amado ‘irlandés’ sino un carajillo con whiskey, es decir, con whisky de las verdes tierras de la dulce Eire? Un irlandés, maravilla de maravillas, es café, whiskey, cucharada de azúcar y dos centímetros de crema.

  • ¿La receta? ¿La auténtica manera de prepararlo? 
  • Se sirve primero la cucharadita de azúcar en una copa de balón o cervecera.
  • Seguidamente se añade el whiskey y se mezclan los dos ingredientes. Hay quien flamea la mezcla y es hermoso ver la llama azulada  lamiendo el vaso antes de añadir el café (aunque muchos son los que lo ponen primero, evitando siempre mezclar los gloriosos ingredientes)
  • Se añade la crema o nata lentamente, sobre una cuchara invertida apenas sobre la superficie del café, de forma tal que forme una capa que flote sobre el resto.
  •  No se admiten aerosoles. Crema o nata de verdad, líquida.
  • Se puede decorar con café en polvo o nuez moscada. Y por supuesto, al beberlo es crimen sin perdón posible revolver con una cucharilla. El rito consiste en apoyar los labios sobre la crema casi fría y dejar que lleguen a la boca y luego a la garganta el café y el whiskey tan cálidos. A poquitos…

Pero el irlandés ya tiene unos cuantos años pues fue bebida creada muy a mediados del siglo pasado. Los jóvenes, aguerridos y muy ‘destroyers’ maestros cocteleros de las postrimerías del XX y comienzos del  XXI proponen delicias tal que el Espresso Martini. No, no lleva vermouth. Se llama así porque se sirve en la típica copa del Dry Martini. Se prepara en coctelera, con 30ml de buen vodka, 25 de licor de café (a Panchito le gusta el Olañeta) y un  espresso fuerte y corto, de unos 25 ml. Optativo es añadirle sirope de azúcar….

En  Buenos Aires, en un local llamado Casa Cavia, el maestro barista Lucas López Dávalos propone un Gustavo Cerati, dicho así en honor de uno de los más grandes mitos del rock latinoamericano. Lleva whisky, membrillo, café y leche clarificada, que es buena grasa de mantequilla a la que se le evapora el agua…

Con leche. Espresso. Latte. Moka. Cappuccino. Moka. Moka Latte, Carmelo. Vainilla. Espuma. Crema.

Para llevar. Para tener las manos y el corazón calientes. En este invierno ¿Que preferimos un té? Magnífico. Para muchos ingleses, su carajillo es de té negro y ron. En nuestras boutiques triunfa el verde pero ¿por qué no probar un Tchai Latte con, precisamente, té negro, especias y leche?

Es invierno. Hace frío fuera. Pidamos un café. O un té. O una taza de chocolate.

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Begoña del Teso

Begoña del Teso

Comentarista de Cine. Entrevistadora. Reportera.
Fan fatal de los vampiros, las motos y el café.

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