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Historias de café y del teso

Bares, qué lugares… para tomarse un café… frío

¿La recordáis? No, quizás no. Es del siglo pasado. De 1986, exactamente. Marca ritmo de pasodoble y rezuma sonidos castizos. Castizos, sí. Como esos bares de entonces que se llamaban (y algunos aún se llaman con orgullo) El Brillante o Los Riojanos.

¿La recordáis? ¿No? Pues buscadla en las redes. Hay una rendición magnífica extraída del programa vanguardista y rupturista de Paloma Chamorro en la 2 de TVE. Buscadla  y encontradla porque en el fondo, es el himno, susurrado en noches de plenilunio, de los locales que amamos y que durante  casi 100 días hemos echado tan en falta porque necesitábamos sobremanera y precisamente eso que cuenta el gran tema de Gabinete Caligari,  el calor del amor en un bar.

Sí, esa es la canción del Señor Panchito y de su comunidad. Una comunidad compuesta por decenas de bares (qué lugares
tan gratos para conversar.
No hay como el calor del amor en un bar),
restaurantes, puntos de vending, sociedades culturales-deportivas-lúdico-recreativas-gastronómicas, licoreras, fruterías de alta gama, supermercados de  barrio, campus universitarios, bazares, comedores en centros tecnológicos punteros , comunidades educativas, pastelerías, polideportivos, churrerías porteñas, carnicerías  de mucho renombre, divinas empresas de catering…  Tantos y tantos puntos de venta y degustación de Panchito. En Donostia. Pero también en Pasai San Pedro. En Irun. Y en Irura. En Errenteria y Arrasate-Mondragón. En Hernani y Hondarribia. Y más lugares. Hasta en la casa de un amigo alemán que un día paró por aquí, tuvo la fortuna de que alguien  le sirviera un buen café  y ahora recibe su dosis habitual en un lugar de Deutschland, Germany. En una calle llamada Eucaliptus, nº 1318.

Decenas y decenas de miembros de la Comunidad Panchito. Activistas del buen café. Algunos son líderes de la gastronomía de alto standing. Otros demuestran que esos lugares donde repostamos gasolina pueden ser también ese sitio donde el sorbo de café despierta lo mejor que hay en ti. Se sirve Panchito en La Olla, el bar restaurante del surtidor de Salvatierra-Agurain. Sí, ahí, donde siguen preparándote el puchero de la manera que lo hacía la abuela.

Puntos de venta y degustación a puñados.  Bares, qué lugares… Los más viejos  de nuestra geografía sentimental y los más nuevos. El Legarda, la Bella Easo… Zinema Corner. Siempre está bien que el café sea bueno  antes de ir a Misa (calle Camino) al Topo (Plaza Easo) o al cine (El Zinema hace esquina con el Trueba).

Mucha gente Panchito. Mucho Panchito kide, Panchito´s people.  Orgullosos de haberle plantado cara y planteado  batalla a la Covid-19. Cierto que alguno de los nuestros se ha quedado en el camino pero  por centenas se han fajado a la Nueva Realidad  no como el junco que se dobla y sigue en pie sino como los buenos barcos, tocados por la tormenta o el torpedo, pero no hundidos.

Llegó el verano. No vamos a irnos muy lejos. Nos quedamos en el barrio. En las plazas. Por el placer de ver pasar julio y agosto a dos metros de casa. Al aire libre. Con los nuestros.

Café no va a faltar. Hay grandes contenedores llenos de excelente grano en el puerto de Barcelona. Los productores de América Central también se han fajado contra la Covid 19. Y los asiáticos, los africanos. Todos. Grandes y pequeños. De Etiopía a Brasil.

Ah, que el consumo de café disminuye  estos meses. Por el calor. Tonterías. ¿O es que hemos olvidado que el escocés lleva whisky, café y helado? ¿Qué en Italia y en Grecia existe el caffe  freddo, una pura maravilla consistente en   un shot doble de espresso caliente con hielo y azúcar agitado en una coctelera, para crear así una espuma característica? El freddo cappuccino  se completa con una capa de leche fría, texturizada y espumosa. Ambos se sirven en un vaso, sobre hielo.

 Y lo de Valencia, ¿qué? En la tierra donde al cava o al champagne le añaden zumo de naranja pasan el verano con un café solo algo más largo de lo habitual que se sirve junto con un vaso de cubitos de hielo (dos o tres) y el azúcar se echa antes que las rocas heladas, ob-via-me-nte. En ese Levante los ninots y las mascletás le añaden  cáscara de limón. Exactamente  como hacen en La Bella Easo, cercana al Topo de Amara en Donostia. Claro que en lo que fue la ‘plaza roja’ le dan un bonito meneíto en coctelera. Por eso  al pedirlo no digas ‘un café con hielo’. Di ponme un ‘maracas’.

En Iturralde Degustación, un clásico de la Avenida de la Libertad donostiarra, piensan que el café es algo delicioso pero que se toma como un tiro, un shot rápido y delicioso. Por eso  aunque a petición  pueden preparar uno en coctelera con  hielo bien picado y  bien batida la mezcla, que lleva limón (o lima) canela  y azúcar, su habitual es el de los cubitos en el vaso (‘cubitos’, no peñascos) insistiendo en presentarlo con el toque de canela, azúcar  y limón que el cliente desee.

Bares… qué lugares para el amor… helado. En Panchito de Plaza Gipuzkoa con Churruca se va a instalar, para placer de los cientos de cafeinómanos que en los alrededores somos,  una máquina de café Cold Brew. Es una bebida que los japoneses llevan haciendo, refinando y disfrutando desde el año 1600. De hecho, el nombre original del Cold Brew es  Kyoto-style coffee. Cuenta la leyenda que los Señores de la Guerra, los samuráis y las geishas aprendieron  a prepararlo y degustarlo por influencia de los mercaderes holandeses  que viajaban por los confines del mundo por aquel entonces conocido. Cuentan también que los comerciantes neerlandeses lo único que hicieron fue adaptar la ancestral técnica de filtrado  que los sirvientes de los emperadores habían desarrollado para ofrecer a sus amos té sin temperatura.

El Cold Brew  es lo más cool, lo más in, cute o clave en Londres, New York y Berlín. En los mejores territorios consagrados al café de especialidad. Aromático, suave (pero con buen cuerpo), matizado, infusionado, conmueve a los mejores baristas y los cocteleros más vanguardistas ya imaginan combinaciones como un Cold Brew Tonic. No se prepara en el momento. Necesita reposo. En máquina especial. Durante horas.  Dentro de nada vamos a probarlo en Plaza Gipuzkoa porque… ¿quién dijo  que en verano no apetece un café?

Bares, gasolineras, las tiendas de la esquina… ¡qué lugares!

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Begoña del Teso

Begoña del Teso

Comentarista de Cine. Entrevistadora. Reportera.
Fan fatal de los vampiros, las motos y el café.

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